En el marco de la 6ª edición del evento "Mujeres por el agua", realizado el pasado 5 de marzo, un grupo de mujeres especialistas en el sector hídrico mexicano se reunió para analizar los profundos vínculos entre la crisis del agua, la desigualdad de género y la justicia social.
El conversatorio, reunió a representantes de instituciones públicas, organizaciones ambientales y organismos internacionales, entre ellas Patricia Herrera, directora general del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua; Brenda Suárez, especialista en gobernanza y género del Proyecto Resiliencia Hídrica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; Carmen Guerrero, líder en soluciones hídricas y acción climática; Paola Félix Díaz, coordinadora general del Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua de la Comisión Nacional del Agua; Paola Gordon, directora del agua en Pronatura México, y Martha Castañeda, directora de planeación, vinculación y proyectos especiales en la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM.
Las especialistas señalaron que su acercamiento al estudio y la gestión del agua surgió al reconocer que se trata de un recurso atravesado por profundas desigualdades sociales y de género. Desde campos como la política pública, la educación ambiental, la biología o la cooperación internacional, coincidieron en que el acceso y la gestión del agua están vinculados con dinámicas de poder, gobernanza y justicia social.
En muchos contextos, explicaron, las mujeres son quienes sostienen el trabajo cotidiano relacionado con el agua —desde su abastecimiento hasta el cuidado de los ecosistemas—, pero rara vez participan en los espacios donde se toman decisiones sobre su gestión. Comprender esa brecha entre responsabilidad y poder ha sido uno de los principales motores para dedicarse profesionalmente al sector hídrico.
Uno de los retos más recurrentes señalados durante la conversación fue que el sector hídrico continúa siendo un ámbito altamente masculinizado, especialmente en las áreas técnicas, científicas y de toma de decisiones. En ese contexto, muchas mujeres enfrentan dificultades para posicionar su conocimiento especializado o ejercer liderazgo en instituciones y proyectos.
Se suman problemáticas estructurales como brechas salariales, acoso sexual y la persistencia de estereotipos que relegan a las mujeres a roles secundarios o de apoyo. Paradójicamente, en numerosos territorios —particularmente en comunidades rurales— son ellas quienes gestionan de facto el agua en la vida cotidiana y en las labores agrícolas, aunque su participación no siempre se reconoce formalmente. Las especialistas subrayaron que estas desigualdades se profundizan cuando se cruzan con otros factores como la edad, el origen étnico o la condición socioeconómica.
Frente a estos desafíos, las participantes coincidieron en que avanzar hacia la equidad requiere transformar tanto las estructuras institucionales como las prácticas culturales que han excluido históricamente a las mujeres de la gestión del agua. Entre las acciones prioritarias señalaron la incorporación sistemática de diagnósticos de género en los proyectos hídricos, la creación de condiciones que garanticen la participación efectiva de mujeres en los procesos de toma de decisiones y el impulso de políticas públicas que promuevan su liderazgo.
También destacaron la importancia de revisar los esquemas de financiamiento para apoyar proyectos comunitarios encabezados por mujeres, así como fomentar el acceso de niñas y jóvenes a áreas STEM relacionadas con el agua. Finalmente, subrayaron que la equidad de género no solo implica corregir desigualdades existentes, sino transformar la forma en que se conciben la gestión de los recursos y las responsabilidades de cuidado dentro de la sociedad.
Martha Castañeda subrayó que el debate sobre el agua no puede separarse de las desigualdades de género ni de la crisis climática. En contextos rurales y urbanos, explicó, las mujeres suelen asumir el papel de cuidadoras de los recursos, una responsabilidad que pocas veces se reconoce en los sistemas económicos y políticos.
Más que un problema sectorial, sostuvo, el cuidado del agua debería asumirse como una práctica colectiva que atraviese las diferencias de género y de clase. En un escenario global marcado por el cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos naturales, la gestión del agua —y la inclusión de las mujeres en ella— se perfila como una de las discusiones más urgentes de nuestro tiempo.
En sintonía con el llamado de ONU Mujeres para 2026 —“Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres”— el encuentro dejó claro que garantizar el acceso al agua también implica transformar las estructuras que determinan quién decide, quién gestiona y quién cuida este recurso vital.
