El IIUNAM en Prensa: A 12 años de su Reactivación, el Popocatépetl sigue siendo un enigma

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A 12 años de su Reactivación, el Popocatépetl sigue siendo un enigma 

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22/04/2012 

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13/05/2012 

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Puebla, Pue.- Don Goyo, como es conocido en las inmediaciones el volcán Popocatépetl, no da tregua a los pobladores de la región de Puebla, Tlaxcala y Morelos.

Desde hace días, el gigante nevado se ha tornado invisible por causa de una espesa bruma de ceniza que envuelve a la montaña, y la temperatura descendió notablemente.

Ante los reportes de la Comisión Nacional Para la Prevención de Desastres (CENAPRED), el cual declaró al Popocatépetl en fase tres de la alerta amarilla; numerosos angelopolitanos caminan por las calles de la capital del estado con cubre-bocas en sus rostros y cientos de ellos, han presentando complicaciones respiratorias obligando a los médicos de instituciones redoblar esfuerzos para la atención.

Por lo anterior, autoridades Estatales se dicen comprometidos en mantener vigilancia en las zonas cercanas al volcán así como a Don Goyo; donde personal de Protección Civil realizan los operativos coordinados con el Gobierno Federal; asegurando que se cuenta con rutas de evacuación al cien por ciento libres y albergues.

Vigilar un volcán implica observarlo todo el tiempo a través de una instrumentación especializada, con el fin de detectar oportunamente, variaciones de su actividad. Los tipos de monitoreo y vigilancia más conocidos son la vigilancia visual (mediante registros fotográficos y de video); el monitoreo geodésico (a través de redes de estaciones y puntos de observación); el monitoreo químico (con equipos de espectrometría y análisis químicos); y, el más importante, el monitoreo sísmico (por medio de sismómetros y geófonos, entre otros).

La primera estación de monitoreo sísmico fue colocada en julio de 1987 por el Instituto de Ingeniería de la UNAM; se ubicó en el cerro Altzomoni a cuatro kilómetros al norte de Paso de Cortés y a partir del segundo semestre de 1994 se instala la segunda estación sísmica, entre el Instituto de Ingeniería y Cenapred.

Para que en 1995, se perfeccionará la red de monitoreo con la colocación de estaciones en la vertiente sur del volcán, enfrentando múltiples obstáculos para la instalación de estos equipos como el clima, las vías de comunicación que son escasas en otras partes del volcán (salvo la cara norte), por lo que hubo que abrir brechas.

Estimación de las poblaciones afectadas

El Instituto de Geografía se ha encargado de investigar las posibles repercusiones sobre la población por una posible caída de cenizas. Durante el primer semestre del año se determinó la afectación sobre la población en un radio de 100 kilómetros alrededor del volcán.

Gracias a los datos sobre el comportamiento de la atmósfera y la apreciación de los cambios de dirección de la pluma o nube de ceniza revelados por las imágenes de satélite, se deduce que las direcciones sureste, sur y este son las predominantes. El espacio territorial que se ha analizado en el estudio es de aproximadamente 15,708 km² y abarca el Distrito Federal, Tlaxcala, Morelos y parcialmente los estados de Hidalgo, México y Puebla.

Un caso particular de afectación se presentaría para la Ciudad de México, debido a que las cantidades de ceniza provenientes del Popocatépetl se añadirían a sus condiciones de alta contaminación (se han detectado cuando menos 100 contaminantes en su aire), y por consiguiente habría mayores riesgos para la salud de sus habitantes.

La reactivación del volcán.

Para explicar y entender los sucesos recientes, es preciso mencionar que dentro del cráter del Popocatépetl había un segundo cráter o depresión interna. Esta estructura se formó después de la explosión ocasionada por los trabajadores que extraían el azufre en 1919. Antes de los últimos eventos ocurridos, en su fondo se encontraba también un pequeño lago de aguas verdosas que se comportaba de manera intermitentemente; sin embargo, en la actualidad, tanto el lago como el segundo embudo interior han desaparecido.

Con la actividad ocurrida en diciembre de 1994 se formaron dos nuevos conductos, y con la reactivación del volcán en marzo de 1996, a los dos anteriores se les ha sumado un tercer conducto; los tres poseen una ubicación sureste. Uno de ellos (el que está más al sur) ha estado presentando mayor producción de gases y cenizas. Los conductos se encuentran en el fondo del cráter pegados a las paredes interiores y son más pequeños a diferencia del segundo embudo que desapareció, el cual estaba en la parte central del gran cráter y era de mayores dimensiones.

Se ha constatado que los sismos que se presentan provienen de estos conductos y se producen por la rápida salida de gases que arrastran cenizas de los conductos volcánicos llevándoselas consigo. Los epicentros de los sismos detectados en laderas norte encuentran su hipocentro, la mayoría, entre 5 y 6 kilómetros debajo del cráter. Aunque ha habido otros más profundos, a 12 kilómetros, que representan mayor peligro.

Por ello, a más de 12 años de las erupciones del volcán Popocatépetl que obligaron a la evacuación de decenas de comunidades en la región y marcaron un nuevo estado activo de Don Goyo, la comunidad científica no ha logrado determinar cuál es el mecanismo eruptivo del coloso.

"Se han hecho investigaciones sobre el comportamiento del Popocatépetl, pero nunca han sido producto de un programa para conocer la dinámica de funcionamiento integral, lo cual permitiría saber cómo actuará el volcán y por tanto tomar las decisiones adecuadas en materia de prevención", reconoció el Departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Son muchos los factores que intervienen, pero la inoperatividad y carencia de reglamentación del Comité Científico Asesor del Popocatépetl -creado con motivo de la reactivación del volcán-, expresan la falta de liderazgo en la materia y de claridad en los procesos de investigación y operación que debieran haberse efectuado tras ese acontecimiento.

"El comité empezó bien cuando se fundó, en 1995, y fue dirigido por el doctor Gerardo Suárez, pero desde que él se fue dejó de actuarse de manera orgánica, así que las reuniones se limitaron a informes parciales, y desde el año 2000 el Cenapred ni siquiera convoca a reuniones"; acusó mediante un comunicado.

Además: "si se conociera el funcionamiento del Popocatépetl a partir de un estudio adecuado, se tomarían las decisiones correctas para salvar a las poblaciones aledañas o, al revés, no tomar decisiones apresuradas que implican una afectación enorme sobre la población y el gasto de recursos, como ya se ha hecho".

"Ahora el cráter se ha llenado por completo, eso crea una nueva situación de peligro, pero ninguna autoridad ha convocado a la comunidad científica a discutir este problema".

El Departamento de Vulcanología, comentó que las decisiones de evacuación se han tomado con base en datos de sismicidad que proporciona el sistema de monitoreo, "pero el incremento de estos movimientos no ha coincidido con las actividades más peligrosas que hemos visto", y recordó que en la más reciente evacuación por la actividad eruptiva, fue en diciembre de 2000, donde la resolución fue tomada fundamentalmente tras el incremento de la misma.

Añadió que los medios de comunicación enfocan su atención a los temas del comportamiento eruptivo del Popocatépetl o a algunos aspectos de las medidas preventivas, pero en general la problemática social se encuentra en segundo plano, al referir que la atención gubernamental se centra en la confianza depositada al Ejército Mexicano para resolver alguna contingencia grave.

Aurelio Fernández, director del Cupreder de la BUAP, reconoció que ha habido avances en los planes de prevención y contingencia ante una eventual erupción mayor del volcán, pero "son elementos aislados y sin seguimiento, que no configuran un sistema completo de suficiente de prevención".

Las zonas que serían afectadas por las cenizas y los gases del Popocatépetl dependerían de la dirección de los vientos, principalmente a la altura del cráter. A grandes rasgos, se puede decir que si las emisiones ocurrieran de noviembre a abril, el valle de Puebla sería el afectado. Si la erupción ocurriera de junio a septiembre, la región sur del estado de México y el estado de Morelos serían las regiones de mayores riesgo, aunque también podría sufrir daño el extremo sur del Distrito Federal.

Desastre latente

El antropólogo Julio Glockner, especialista en la cultura popular de esa región, resaltó que en las comunidades asentadas en las faldas del volcán existe un grave problema de descomposición social por el abandono del gobierno y las autoridades. Hay falta de empleo, migración hacia las grandes urbes como el DF, Los Angeles o Nueva York; abundan problemas de comercialización de productos agrícolas y alcoholismo.

"La pregunta es: el gobierno se va interesar en la región sólo cuando está en peligro la vida de la gente, o le interesa como gobernante la calidad de vida de la gente? Todo depende de lo que entendamos por desastre; si esperamos que sea un derramamiento de lava, estamos fritos. El desastre ya está en la región", aseveró.

Además sostuvo que tras la contingencia del volcán no existe diálogo constante entre autoridades, comunidades y científicos que permita construir consensos y alternativas para determinar qué hacer en caso de que ocurra otra erupción.
Datos adjuntos
Creado el 23/04/2012 11:03 a.m.  por IINGEN\WebMaster 
Última modificación realizada el 23/04/2012 11:03 a.m.  por IINGEN\WebMaster