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La doctora en Ciencias Ambientales, María José Ibarrola Rivas, elaboró distintos escenarios para la calidad de vida en 2050. En cualquiera de estos, África sufre crisis alimentaria. En la conferencia Demanda de tierra y agua para la alimentación: diferentes enfoques y escalas para analizar el impacto de dietas, sistemas agrícolas y crecimiento poblacional, la investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM explicó la información que da sustento a sus planteamientos, el 8 de marzo en la Torre de Ingeniería del IIUNAM.

El enfoque de su investigación es de seguridad alimentaria y sustentabilidad, asegura, aunque tiene claro que para obtener pronósticos acertados sobre las problemáticas sociales de esta índole es indispensable la interdisciplinariedad.

“El consumo de la humanidad está llegando a los límites del planeta. Contaminación, deforestación, cambio climático, por un lado, pero también hay inequidad, pobreza y otros problemas sociales que aquejan al mundo”, dijo sobre su tema de investigación.

“La sustentabilidad no es lo mismo que la seguridad alimentaria, debido a que la primera mira hacia el futuro mientras la segunda se ocupa necesariamente de un presente social”, mencionó. Debido a esto, la sustentabilidad busca reducir el impacto ambiental en cuanto a consumo y producción de alimentos y el objetivo de la seguridad alimentaria son dietas sanas para toda la población.

La investigadora dividió los grandes cambios que han sucedido en el S. XX en tres temas: población, dietas y sistemas agrícolas. La cantidad de personas es un factor principal del uso indiscriminado de recursos y el impacto ambiental. El tipo de dieta representa el modo de vida de una sociedad, pero también, sus tradiciones y situación económica. El sistema agrícola varía en cada región, aquí influye el clima y la zona en que se vive para desarrollar un sistema que alimente a esa población.

En el siglo pasado, la población aumentó 10 veces. En parte gracias a los avances tecnológicos y de la salud, que nos han permitido mejorar nuestra dieta y modo de vida”, señaló la académica. También mostró fotos con familias ordinarias de Australia, México, Malí y la India con su dieta semanal para diferenciar los modos de alimentación por regiones.

En el siglo XIX, las familias alrededor del mundo consumían dietas básicas, pues los sistemas agrícolas eran manuales. Fue hasta el siglo pasado cuando los fertilizantes y modos de producción potenciaron la obtención de alimentos. En la actualidad se promueve la Revolución Verde, que consiste en una alimentación con los nutrientes y calorías necesarias como principal objetivo.

El “Boom poblacional” no se dio igual en todas las partes del mundo, resaltó María Ibarrola. “Aunque la gente tiene mejor calidad de vida que antes y mayor facilidad de obtención de alimentos, hay regiones del mundo que son mal explotadas y se encuentran en la miseria por no tener un buen manejo de recursos alimenticios”, explicó.

Las principales diferencias que la doctora resaltó para un estudio interdisciplinario como este, son el ingreso per cápita (consumo, sistema agrícola y crecimiento poblacional), cultura, así como la disponibilidad de recursos y el potencial de producción.

Para la investigadora del Instituto de Geografía, la pregunta detonadora de su tema es ¿La disponibilidad de tierra y agua es suficiente para abastecer la demanda de alimento? Para ello usó tres variables: situación económica (influye en las dietas), población (número de personas) y disponibilidad de tierra y agua (potencial de alimentación).

Mediante fórmulas y operaciones matemáticas, pronosticó cuatro escenarios con la relación Tierra-Agua-Comida en mapas mundiales. La diferencia entre estos cuatro planteamientos radica en su adaptación a nuevas formas de agricultura, así como su cambio a una dieta amigable con el medio ambiente.

En cualquiera de los escenarios (sin cambios, con un manejo poblacional, cambio a dieta básica y agricultura sustentable), el continente africano se queda sin alimentos suficientes, por lo cual se deberían “prender los focos rojos de inmediato”, señaló. “Hay que encontrar un balance entre nutrición e impacto ambiental, ese es el objetivo de mi investigación”, resumió.

Como mensaje final, la investigadora enfatizó en la necesidad de una evaluación integral de demanda-producción para poder promover un cambio de dieta, ya que esta medida tiene un gran potencial de alcanzar seguridad alimentaria y reducir el impacto ambiental. También hizo un llamado a poner atención en la evaluación a diferentes escalas: una nacional-global, para tener un panorama general e identificar focos rojos en cuanto a la alimentación, y otra local, para poder ver los detalles de la problemática.